Primo Levi e Imre Kertesz fueron unos de los
afortunados en sobrevivir a uno de los exterminios de masa mas numerosos y
crueles de la humanidad. Se salvaron cientos de judíos pero siguen siendo
pocos en comparación con los seis millones de personas que fueron gaseadas
en los campos de concentración.
Y uno de los momentos clave de esta masacre fue la selección.
Médicos y militares decidieron en unos minutos dar la vida y esclavitud o
la muerte a millones de personas inocentes con el objetivo de mantener la
raza aria determinada por Hitler.
Si uno era flaco, débil, enfermo, pequeño, viejo o mujer, pasaba por el
crematorio, el resto era sometido a trabajos forzosos durante años y sin
salario, por consiguiente también se les quitaba parte de la vida.
Para los supervivientes, después de meses y meses de sufrimiento la única
opción que les que daba era la esperanza, y nada más. La escapatoria era
prácticamente imposible y eso se debe a la organización de las tropas
alemanas: sabían que decirles, cómo impresionarles, como atemorizarles, y
también repartirlos, todo esto por el método del control. Regulaban sus
raciones de comida, escoltaban a los presos hasta sus dormitorios, asignaban
números a cada prisionero y pasaban lista mañana y tarde.
Kertesz pasó año y medio transportando sacos de ladrillos y sometido a
otros trabajos forzosos en diferentes campos de concentración. En cuanto a
Primo Levi fue sometido ejercer de químico en el campo de Auschwitz-Buna
durante un año.
Los dos sufrieron, los dos se enfermaron y agonizaron pero resistieron
con valentía a lo que fueron sus peores meses de su vida.
Diego Cia |