¿Cómo se explica el odio fanático 

de los nazis por los judíos?

 

Respondamos con las palabras del propio Primo Levi: [1] “La aversión contra los judíos, impropiamente llamada antisemitismo, es un caso paticular de un fenómeno más vasto: la aversión contra quien es diferente de uno. El antisemitismo es un fenómeno típico de intolerancia. Para que surja una intolerancia hace falta que entre dos grupos en contacto exista una diferencia perceptible: ésta puede ser física (los negros y los blancos, los rubios y los morenos), pero nuestra complicada sociedad nos ha hecho sensibles a diferencias más sutiles, como la lengua, el dialecto,  el mismo acento; la religión, con todas sus manifestaciones exteriores y su profunda influencia sobre la manera de vivir; el modo de vestir, etc. La atormentada historia del pueblo judío ha hecho que en casi todas partes los judíos manifiesten una o más de estas diferencias.”

Conforme la iglesia cristiana va extendiéndose y consolidándose en toda Europa a partir de os siglos III y IV, sobre todo desde el momento en que es considerada la religión del estado, el antisemitismo cobra un carácter significativo de ese mismo estado. El judío es visto como el ejemplo del castigo divino, es un pueblo considerado maligno por no haber aceptado al Mesías Jesucristo y, de esa forma, sirve para exponer la verdad y bondad del cristianismo. Periódicamente, y dependiendo de los intereses económicos o políticos, las comunidades judías residentes en las diferentes ciudades europeas, desde Rusia y Polonia hasta España y Portugal, serán objeto de persecuciones sociales, de pogromos. En España y Portugal, a partir de 1492, se llegará hasta expulsar de esos reinos a los miembros de aquella raza, que se instalarían en toda la cuenca mediterránea, los llamados judíos sefardíes  (el término proviene de la palabra hebrea Sefarad, que significa precisamente España. En los otros países las épocas de tranquilidad se alternarán con momentos de persecución violenta.

Y llegamos al siglo XX. Alemania ha perdido la Guerra mundial en 1917 y debe comenzar a pagar a las potencias vencedoras las reparaciones del conflicto bélico. A partir de la humillación que significa el tratado de Versalles surgirá y se irá desarrollando de forma cada vez más creciente la idea de que existe una Nación Germana superior y que debe regir los destinos del mundo. De esa idea, que ya aparecía en algunos teóricos y políticos del siglo XIX, se adueñará Adolfo Hitler, un personaje intrascendente en 1920 pero que llegará a ser uno de los más siniestros e infaustos de la historia.  Veamos lo que nos dice Primo Levi: [2]El antisemitismo de corte fascista, ese que el Verbo de Hitler despierta en el pueblo alemán, es más bárbaro que todos sus precedentes: convergen en él doctrinas biológicas artificialmente falseadas; las absurdas creencias populares que el sentido común había enterrado hacía siglos; una propaganda sin tregua [...]El judaísmo es una subespecie humana, una raza diferente e inferior a todas las otras. Los judíos son seres humanos sólo en apariencia: en realidad son otra cosa: son algo abominable e indefinible, «más lejanos de los alemanes que el mono del hombre»; son culpables de todo, del rapaz capitalismo americano y del bolchevismo soviético, de la derrota de 1918, de la inflación de 1923; liberalismo, democracia, socialismo y comunismo son satánicos inventos judíos que amenazan la solidez monolítica del Estado nazi”. De esas palabras a poner en marcha todo un dispositivo organizativo de persecución sólo iba un pequeño trecho y ése se cruzó en sólo 10años.


[1]  Primo Levi, Apéndice de 1976 a la edición de Si esto es un hombre, Muchnik editores, 1987, pág. 201ss.

[2] P. Levi, o.c., pág. 205.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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