PRIMO LEVI, Testigo del siglo XX 

 

 

Un acercamiento al relato

Si esto es un hombre

El mejor ejercicio de comprensión del relato es su lectura. Desde aquí animamos a realizar ese ejercicio, no podemos en este caso hablar de disfrute ni del placer de la lectura, como medio para conocer lo que fue aquel infierno y prevenir otros que pudieran amenazar. La intolerancia, el odio al diferente, sigue siendo un enemigo de la civilización y de la paz entre los hombres. Esta breve guía de lectura debe entenderse sólo como una incitación a la lectura completa.

Nuestro autor nos marca perfectamente la senda para conocer la shoah por dos razones: la primera porque padeció como judío la persecución y secuestro por los nazis; la segunda porque escribió su experiencia en el relato mundialmente famoso titulado Si esto es un hombre, y que facilita a los que no sufrimos aquella experiencia el conocer de primera mano, la del testigo, lo que fue.

Para ello, vamos a seguir el itinerario que llevó a Primo Levi desde la libertad hasta el confinamiento, el maltrato, el conocimiento y la experiencia de la muerte de otros. Y lo vamos a hacer siguiendo su propio relato, desde el momento en que es transportado hasta que sea liberado en enero de 1945, a través de fragmentos.

 

  Recorrido por la vida de un deportado

  a través del relato

·         Primo Levi era un joven italiano de 25 años que, tras haber estudiado la carrera de químico, decide enfrentarse a los nazis que habían invadido Italia. Para ello se enrola en un grupo guerrillero. En diciembre de 1943 es detenido por la milicia fascista italiana y, al declararse judío, es internado con otros de su religión e un campo de internamiento italiano. Pronto los alemanes se harán cargo de ellos y en febrero de 1944 inician el viaje hacia su fatal destino. Son embarcados en un tren de mercancías y, atravesando media Europa, llegan al campo de Auschwitz.

 

·         Uno de los momentos cumbre del relato es cuando se abren las puertas del vagón y les hacen bajar al andén. Se produce la selección, procedimiento por el cual, tras una ojeada de un nazi, el deportado es destinado, sin que él lo sepa en ese momento, a trabajar, y por eso vivirá, o bien a la cámara de gas. Desde el momento en que ha sido seleccionado para el trabajo, Primo comienza a experimentar casi todas las rutinas que cualquier internado sufriría: él las explica perfectamente en su relato y conviene que lo leas directamente. El proceso consistía en desnudarlo, cortarle el pelo, ducharlo, desinfectarlo, vestirlo con una ropa de interno ¾ el famoso traje a rayas que identifica al deportado ¾ y enviarlo a un kommando donde trabajará hasta el agotamiento o hasta la muerte.

 

·         Levi ya es un deportado como otro cualquiera. Comienza su proceso de aprendizaje, de aprender a sobrevivir en una sociedad que es hostil. Nadie te regala nada, casi nadie te ayuda. Tú debes depender de ti. Ha surgido una nueva especie de un casi ser humano, el deportado, el häftling, el resultado de un proceso concienzudo y frío para destruir al ser humano. Una marca numérica, tatuada en su piel, lo identifica; ya no tiene nombre ni apellidos, ya no es un individuo, es un simple animal de trabajo.

 

·         El deportado vive en un entorno donde casi todo lo que e rodea es hostil, amenaza su vida. Sólo pocas cosas le servirán de ayuda y apoyo. El lugar es un ámbito cerrado, vallado, vigilado. De él sólo se sale o para trabajar como un esclavo o muerto. El apelativo Auschwitz ha marcado la historia de la tragedia del género humano. Citar el nombre de ese lugar es hablar del asesinato como proceso industrial. Pero hay que tener en cuenta que Auschwitz fue un complejo de campos. Inicialmente previsto como lugar de concentración para los judíos polacos (Auschwitz I) a partir de la invasión de la URSS, en 1941, los nazis diseñan un campo anexo (Auschwitz II, conocido como Auschwitz-Birkenau) donde se instalarán las cámaras de gas y los hornos crematorios. Este campo será realmente donde se masacren a cientos de miles de personas. Su función era esa, gasear a miles de personas cada día. Allí llega Primo Levi en primer lugar y en el andén de su estación ferroviaria se produce la selección de la que hemos hablado anteriormente. Levi, al superarla, será trasladado a una aldea cercana, Monowitz, donde está Auschwitz III, conocido como Auschwitz-Buna, porque es un campo de trabajo, una fábrica de caucho (buna en alemán) destinado a la industria de guerra alemana y propiedad de una empresa alemana, IG-Farben. En ella trabajaban los deportados útiles para la producción en condiciones de esclavitud. Éste será el campo que describe Primo Levi en su relato y donde se sitúa toda la historia contada en el mismo. Este lugar él lo valora como un infierno y hace una descripción exacta y minuciosa del mismo.

 

·         El campo él lo llamará muchas veces la Buna. Ésta era básicamente la fábrica, una inmensa instalación industrial donde “trabajaban” miles de deportados. Este lugar lo describe Levi en otro momento. Fíjate en la extraordinaria reflexión que se deduce de esas líneas: la Buna como metáfora de la vida moderna, la nueva Torre de Babel.

·         Dentro del campo el deportado convive con miles de deportados como él pero que no podrá decir que sean sus compañeros. Es una población heterogénea y compleja. Pertenecen a casi todas las nacionalidades europeas: alemanes, polacos, rusos, italianos, franceses, griegos, húngaros, etc. Cada uno de ellos está en el campo por poseer alguna característica que les hace odioso a los nazi. Unos serán criminales comunes ¾ladrones, asesinos, violadores¾; otros han sido deportados por pertenecer a organizaciones socialistas o comunistas; otros, son la mayoría, están allí simplemente por ser judíos. Todos uniformados con el ridículo traje a rayas y la gorra que nunca podrán perder a riesgo de perder la vida. Según el tipo de “delito” llevará una marca en el traje, un triángulo invertido que, según el color y la letra inicial, identifica la nacionalidad y la naturaleza del häftling . Así, el criminal común lleva un triángulo verde, y suele ser un personaje peligroso por su actuación dominante sobre el resto de prisioneros. Los que levan un triángulo rojo son los prisioneros políticos, los resistentes activos al nazismo. El triángulo amarillo con la estrella roja de David la llevan los judíos.

 

·         Conforme el campo ha ido desarrollándose se ha configurado una población organizada de acuerdo con unas reglas internas. Además de las normas marcadas por los nazis existe una rutina interior que hace que, de forma a veces brutal y violenta, se organice esa sociedad de deportados conforme a las de mando, poder y obediencia. La posesión o carencia de éstas  serán las señas que identifiquen a los hundidos y los salvados.

 

·         Es importante que distingas que hubo dos tipos de campos. Primero estaban los llamados campos de trabajo o de concentración. Su finalidad fue doble: por un lado, encerrar a todo enemigo o adversario del régimen nazi; por otra, destinarlos a trabajar en labores de guerra sin salario sino en régimen de esclavitud. La mayoría de los campos fueron de ese tipo. No es que no se muriera en ellos ni se asesinara indiscriminadamente ¾se hizo y de forma considerable a través del desgaste físico, la horca, el fusilamiento e incluso la cámara de gas¾ pero no estaban dedicados exclusivamente a esa tarea de matar. Para esa tarea se erigieron unos campos específicos, los hoy llamados campos de exterminio o fábricas de la muerte. Fueron construidos específicamente para instalar un dispositivo y una cadena técnica capaz de asesinar a miles de personas en un solo día. Sus nombres ya los hemos citado: Maidanek, Belzec, Treblinka Sobibor y Auschwitz (Oświęcim). Por lo general, el sistema era idéntico en estos campos: llegaba el tren al amanecer, con varios miles de deportados judíos, se hacía la selección y, tras ésta,  la mayoría iba dirigida hacia el lugar donde sería gaseada, sin ni siquiera sospecharlo, y posteriormente quemada en el horno [VER CROQUIS DE LA CÁMARA]. En 6 u 8 horas 12.000 personas podían desaparecer, literalmente, de la faz de la tierra. El trágico récord lo tiene Auschwitz-Birkenau donde en solo un día 24.000 judíos fueron gaseados. Nuestro autor padeció su calvario en Auschwitz-Buna, el campo-fabrica destinado fabricar caucho para la industria de guerra alemana. La descripción que hace de la misma nos parece un relato de ciencia-ficción y, sin embargo, ese centro existió y allí estuvieron miles de personas cautivas.

 

·         Primo Levi, como hemos dicho, tuvo la suerte de ser seleccionado para el trabajo. La palabra trabajo, sin embargo, es demasiado hermosa para aplicarla a lo que hacían los deportados. Más bien tendríamos que hablar de tareas inhumanas donde el factor productivo era mínimo mientras destacaba sobre todo la aplicación de una filosofía elemental: el amo no trabaja sino que ordena y el esclavo obedece, trabaja o, si no, muere. Levi es el esclavo que debe esforzarse por permanecer vivo en un mundo hostil y adverso. Fíjate cómo describe el “trabajo” que le encargan a él y a otros deportados.

·         El hambre. ¿Cómo no hablar del hambre cuando hablamos de los campos? A través de esta perfidia los nazis establecieron una forma de selección natural de los deportados. Las raciones alimenticias eran exiguas, las calorías ínfimas, la capacidad de supervivencia reducida al mínimo. Sólo los más astutos y los más dotados por la naturaleza podían sobrevivir en ese estado de desnutrición generalizado. La estadística marcaba que en un periodo de dos años en esas condiciones difícilmente sobrevivía la persona. Levi mismo dice que el pudo sobrevivir porque llegó en febrero de 1944 y la liberación se produjo en enero de 1945. Lee el fragmento, uno entre varios, donde nos habla del pan como bendición.

·         La estructura organizativa del campo respondía a los criterios de jerarquía ¾uno manda y los demás obedecen¾ y de trabajo. Ya hemos dicho que el campo donde estuvo Primo levi era un campo fábrica, cuya función básica era producir caucho. La unidad básica para esa función será el kommando. Con esa palabra alemana se identificaba a un grupo de hombres agrupados bajo la autoridad de un kapo y destinados a una función laboral. Generalmente esa actividad la realizaban fuera del campo por lo que, normalmente al amanecer, todos los comandos salían a sua actividades y regresaban a la tarde. Era también una macabra costumbre que tanto a la salida como a la entrada una orquesta de deportados tocaba música. Así describe Levi uno de esos días.

 

·         La vida en el campo, lo han dicho muchos supervivientes, dependía de la suerte. La suerte, además de la astucia o del soborno, te hacía pasar los días sin caer en el lado opuesto, en aquel que te destinaba a morir. La amenaza de la muerte acompaña permanentemente al deportado. Unas veces puede ser porque caigas mal a un kapo y éste te castigue a palos hasta morir; otras veces puede ser que tu cuerpo no aguante el frío y la desnutrición te lleve hasta el agotamiento final; y otras puede ser que por necesidades de espacio haya que hacer sitio para nuevas remesas de deportados que, todavía fuertes y sanos, podrán hacer mejor el trabajo de los antiguos. Es la temida selección que se produce periódicamente en el campo, distinta de aquella primera que hemos visto cuando llegaban al andén. En esta segunda selección los más débiles y enfermos, tras una simple inspección visual de un nazi,  serán destinados a la cámara de gas. Tras ésta unos podrán sentirse optimistas hasta la próxima, otros sabrán que su fin ha llegado.

·         Las medidas que utilizaron los nazis para mantener a una inmensa población sometida estuvieron todas ellas basadas en la violencia sobre el hombre, en el ejercicio de una despiadada crueldad física y psicológica. Con una absoluta frialdad se aplicaban, sin ceder en ningún momento a la piedad, la compasión o el perdón. Para los nazis esas gentes allí encerradas no eran personas, eran semihombres, infrahumanos a los que ningún sentimiento humano se les aplicaba. Los castigos eran diversos y numerosos, aparte del propio encierro: palizas, marchas interminables, trabajos prolongados hasta llegar a la propia muerte. Levi describe uno de esos castigos ejemplares, realizados ante la población deportada, ejecutados a un hombre por cualquier cosa que hubiera hecho y que se apartara de las reglas, como robar, traficar, esconder cualquier objeto no permitido, etc. En esos casos el castigo ejemplar era el ahorcamiento público.

 Desde principios de enero de 1945 todos sabían que el campo iba a caer en manos de las tropas del ejército soviético. Cada vez se oían los cañones de la batalla más cerca. Los nazis comenzaron una tarea de destrucción de las instalaciones de la muerte (cámaras de gas, hornos crematorios) y la propia documentación hasta que el día 18 de enero abandonaron el campo llevándose con ellos a más de 60.000 deportados en una marcha terrible y fatal para muchos de ellos. Imaginemos en la nieve, con 20 agrados bajo cero, a esos miles de pobres criaturas, sin zapatos adecuados, sin abrigos, teniendo que marchar varias decenas de kilómetros cada día hacia el interior de Alemania. La gran mayoría de ellos murieron y eran abandonados en las cunetas. Primo Levi logró evitar esta marcha porque en aquellos días estaba en la enfermería a consecuencia de la escarlatina. Desde la enfermería verá partir a los presos hacia un destino desconocido. A partir de ese día y hasta que llegan los primeros soldados soviéticos al campo, el 27 de enero, Levi padece una auténtica odisea por salvar a sus compañeros de barraca de la enfermería y a él mismo. Tenemos fe en el hombre, creemos que éste es portador de valores como la solidaridad y la compasión. Y tenemos esa fe tras leer el último capítulo de Si esto es un hombre, el titulado Historia de diez días, precisamente los que pasaron Levi y tres camaradas intentando ayudar a los más enfermos y sobrevivir ellos mismos. Es todo un canto a la dimensión solidaria del ser humano. [HISTORIA DE DIEZ DIAS]


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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