Auschwitz-Buna

 

Buna significa caucho en alemán. Así se conoce a uno de los campos secundarios del complejo de Auschwitz, que también se denominaría Auschwitz III. Se trataba de un campo de concentración construido para la industria química alemana IG Farben y dedicado a fabricar caucho y materiales sintéticos de guerra. Este campo es ejemplo significativo de la connivencia que existió entre el régimen nazi y las industrias alemanas de aquel tiempo. Muchas de las tareas que éstas realizaron para el esfuerzo militar alemán se hizo sobre la base del trabajo esclavo, es decir, explotando a detenidos, prisioneros de guerra y deportados. Levi habla en su texto de cerca de 40.000 detenidos esclavos trabajando en esa industria.

El mismo Levi participó como químico en esa cadena de trabajo donde la muerte por cualquier descuido o por la propia debilidad estaba a la orden del día. La Buna es uno de los ejemplos de complejos concentracionarios que utilizaron los alemanes, el del trabajo esclavo, repartidos por todo su territorio. 

 

La Buna es desesperada y esencialmente opaca y gris. Este desmesurado enredo de hierro, de cemento, de barro y de humo es la negación de la belleza. Sus calles y sus edificios se llaman como nosotros, con números o letras, o con nombres inhumanos y siniestros. Dentro de su recinto no crece una brizna de hierba, y la tierra está impregnada por los jugos venenosos del carbón y del petróleo, y nada más que las máquinas y los esclavos están vivos: y más aquellas que éstos.

La Buna es grande como una ciudad; allí trabajan, además de los dirigentes y los técnicos alemanes, cuarenta mil extranjeros, y se hablan quince o veinte idiomas. Todos los extranjeros viven en distintos Lagers, que rodean a Buna como una corona: el Lager de los prisioneros de guerra ingleses, el Lager de las mujeres ucranianas, el Lager de los voluntarios franceses y otros que no conocemos. Nuestro Lager (Judenlager, Vernichtunslager, Kazett) aporta, sólo él, diez mil trabajadores, que provienen de todas las naciones de Europa; y nosostros somos los esclavos de los esclavos, a quienes todos pueden mandar, y nuestro hombre es el número que llevamos tatuado en el brazo y cosido en el pecho.

La Torre del Carburo, que surge en medio de la Buna y cuyo pináculo es raramente visible entre la niebla, la hemos construido nosotros. Sus ladrillos han sido llamados Ziegel, briques, tegula, cegli, kammeny, bricks, téglak, y el odio los ha cimentado; el odio y la discordia, como la Torre de Babel y así la llamamos: Babelturm, Bobelturm; y odiamos en ella el demente sueño de grandeza de nuestros amos, su desprecio de Dios y de los hombres, de nosotros los hombres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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