El Kommando

 

 

En este texto se describe la organización característica del campo: el kommando es el destacamento de prisioneros enviados a un trabajo específico. Las tareas diseñadas por los nazis eran distribuidas en diferentes kommandos a cuyo frente iba un prisionero privilegiado que tenía que responder ante otro superior. Depende de a qué kommando se destinase al prisionero las condiciones de superviviencia podían cambiar extraordinariamente

 

 

Al salir del Lager, ante la banda de música y el puesto de conteo de los SS, se marcha en filas de cinco, con la gorra en la mano, los brazos colgando inmóviles a lo largo de os costados y el cuello tieso, y no se debe hablar. Después se va en formación de tres, y entonces se puede tratar de cambiar algunas palabras a través del repiqueteo de los diez mil pares de zuecos de madera.

¿Quiénes son estos químicos compañeros míos? Junto a mí camina Alberto, es estudiante de tercer año, también esta vez ha logrado que no nos separemos. Al tercero a mi izquierda no lo he visto nunca, parece muy joven, es pálido como la cera, tiene el número de os holandeses. También las tres filas delante de mí son nuevas. Detrás, es peligroso volverse, podría perderse el paso y tropezar; pero pruebo durante un momento, he visto la cara de Iss Clausner.

Mientras se anda no hay tiempo de pensar, hay que tener cuidado de no sacarle los zuecos al que cojea delante y de no hacérselos sacar uno por el que renquea detrás; e vez en cuando hay un cable que salvar, un charco viscoso que evitar. Sé dónde estamos, por aquí ya he pasado con mi Kommando anterior, es la H-Strasse, la calle de los almacenes. Se lo digo a Alberto: vamos de verdad al Cloruro de Magnesio, por lo menos esto no ha sido un cuento.

Hemos llegado, bajamos a un vasto sótano húmedo y lleno de corrientes de aire; ésta es la sede del Kommando, la que aquí se llama Bude. El Kapo nos divide en tres escuadras; cuatro para descargar los sacos del vagón, siete para traerlos abajo,  cuatro para apilarlos en el almacén. Estos últimos somos yo, Alberto, Iss y el holandés.

Por fin se puede hablar, y a cada uno de nosotros lo que ha dicho Alex nos parece el sueño de un loco.